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| El podio. |
Nada es eterno, todo se acaba.
Se nos fue el Tour 2011 en los Alpes. Ahí estaba el col du Galibier, cumpliendo 100 años en la ronda gala, impasible, esperando la llegada de los esforzados de la ruta y resumiendo tres semanas de carrera en sus rampas. Contador venía fundido, lo que pasa es que eso, en este deporte, no se dice. Lo ven los directores del resto de equipos y lo ve Perico.
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| Cerquita del cielo. |
Ya pasó raspando los Pirineos, incluso se corrió el rumor de que iba a abandonar, pero el pinteño aguantó ahí, hasta que el jueves su cuerpo dijo basta. Empezó la temporada más tarde que los demás por el tema de la chuleta vasca. En el Giro se pegó una paliza de cojones. Y, para mi lo más importante, no tiene equipo. No tiene esa refilera de chavales uniformados como él que van tirando del pelotón si hay fuga por delante (como el jueves) o se van relevando para llevar a su líder sin dar ni un pedal de más, hasta la última rampa del ultimo kilómetro. Delgado lo sabe.
Como hacía eso el Banesto!! Miguelón pasaba los puertos intermedios en trono, y en los puertos finales siempre le quedaba el fiel escudero hasta última hora. Pero eso eran otros tiempos...
Y eso que el pundonor de Cadel Evans salvó que la sangría no fuera terminal. Vio el australiano que Alberto se retiraba de la puja y su cara se hizo poema, así es que apretó los dientes y se llevó tras de sí al francés amarillo que, milagrosa mente no, gracias a Cadel no perdió ese día ni el maillot de líder ni el apellido.
Nuestro campeón se retorcía sobre la bici y bandeaba en la carretera como nunca antes lo habíamos visto, boqueando y como pidiendo que alguien le diera el alivio de misericordia.
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| La dureza. |
Al día siguiente, más de lo mismo. Alberto buscó un imposible y con una fuga larga mantuvo a media España en vilo, hasta que, ahora si, el trabajo por detrás surtió efecto y la minutada se convirtió en un agónico final un poco humillante para nuestro campeón.
Evans, que salvó su honor y sus posibilidades en esas dos terroríficas etapas alpinas, se plantó en la crono del sábado sabiéndose vencedor. Y a fe que no falló, subiendo a lo más alto del cajón escoltado por los hermanos Schleck. Justo vencedor, a no ser que nos llevemos una sorpresa a posteriori.
Contador, el hombre, acaba la ronda hecho añicos, porque esta carrera no perdona que los grandes lleguen justos de fuerzas. Los grandes han de llegar a punto para no sufrir ni ver su imagen dañada. Otra vez será.